jueves, 31 de julio de 2014

¿Eres adicto a comprar cosas?




¿Qué es un consumidor compulsivo?

Un consumidor compulsivo es una persona que convierte el hábito de comprar o planear compras, en el principal sentido de su vida, de tal forma que este hábito adquiere tal nivel de intensidad en su conducta, que influye de forma negativa en su vida familiar, personal, laboral, económica o social, impidiéndole en algún grado desarrollar una vida sana y estable.


¿Qué es la autonomía o la heteronomía moral?

La autonomía o la heteronomía moral es la capacidad de una persona para darse a si misma una filosofía de vida, una ideología, unos objetivos y unos valores, que sean elegidos o creados por esa misma persona de forma libre y crítica y no como un mero reflejo de aquellos valores o estilos de vida que se mantienen en su entorno social o cultural. Es decir, define nuestra capacidad para ser independientes moralmente, de la sociedad en la que vivimos. 

Una persona heterónoma mantiene una filosofía de vida y unos objetivos vitales que le han sido impuestos de forma directa o subliminal por su cultura, debido en parte a un entorno especialmente hostil o agresivo, que da poco espacio a la libertad de pensamiento, o debido a la propia incapacidad para crear y mantener su propia escala de valores, su propia filosofía de vida, sus propios objetivos.

Resumiendo, un consumidor compulsivo tiende a ser heterónomo moral pues no compra cosas para su propio placer, para su propia realización personal sino que las compra porque la sociedad y las personas que le rodean valoran el poseer muchas cosas como algo positivo. Es decir, son los demás con su presión y sus opiniones, quienes marcan su conducta y sus objetivos. No es libre, no es dueño de su forma de vivir y pensar, aunque él esté convencido de su libertad.

¿Cómo se genera el consumismo compulsivo?

La publicidad, las series de TV y las películas comerciales nos transmiten una imagen idealizada de la realidad desde que somos niños. Con el tiempo y la visualización repetida, esa imagen idealizada inculca en nosotros ideales y valores inalcanzables y distorsionados. Nuestra idea de lo que es el “éxito” o la felicidad queda entonces unida de forma patológica a una serie de expectativas inalcanzables. Un cuerpo perfecto, un coche deportivo, una casa grande, una personalidad deslumbrante, unos amigos complacientes, una pareja hermosa, un trabajo intrépido y que nos reporte una gran cantidad de dinero, etc, es decir, una auténtica barbaridad desde el punto de vista racional y una insoportable presión desde el punto de vista psicológico. Todas aquellas personas que no son capaces de contrarrestar esta presión cultural y crear su propia escala de valores, sus propios ideales, es decir, su propia idea de lo que es el éxito y la felicidad, están “condenadas” a perseguir estos ideales inalcanzables mientras perdure su dependencia moral, sufriendo en mayor o menor medida insatisfacción crónica y el resto de los síntomas que conlleva el consumismo compulsivo.

¿Cuáles son habitualmente los síntomas de quien padece
consumismo compulsivo?

No están dispuestos en orden de probabilidad o importancia.

Ansiedad o irritabilidad
Inseguridad
Endeudamiento desproporcionado
Comparación constante con las personas que le rodean
Insatisfacción crónica
Tendencia al hastío vital
Baja autoestima
Imagen personal distorsionada
Culto desproporcionado al lujo, a los bienes materiales y al individualismo
Culto desproporcionado a la apariencia de las personas y los objetos
Incapacidad para tomar decisiones que incumplen el modelo social ideal establecido por la publicidad y el ocio comercial.
Heteronomía moral

¿Cómo se genera la insatisfacción crónica del consumista compulsivo?

Los ideales inalcanzables que interiorizamos, sobre todo en nuestra niñez y adolescencia, generan una serie de necesidades ficticias en nuestra mente.
Nuestra mente, de forma unas veces automática y otras voluntaria, compara el ideal inalcanzable que nos ofrece nuestro entorno comercial con nuestra realidad, pero lo hace de una forma “ingenua”, automática, sin crítica previa.
De esta forma las personas obesas sienten las necesidad de estar delgadas como las modelos que les ha impuesto el ideal comercial, los hombres delgados sienten la necesidad de estar musculosos como los actores que les ha impuesto el ideal comercial, los que poseen un coche de 90 caballos, sienten la necesidad de conducir un coche de 200 caballos como el hombre de negocios “triunfador” que les ha impuesto el ideal comercial, etc. Si analizas estas necesidades, observaras que definen objetivos que no están motivados por carencias reales sino por imposiciones y presiones culturales interiorizadas como propias en la niñez y la adolescencia. Quiero decir, la persona obesa no tiene ninguna necesidad real de adelgazar (siempre que no tenga un problema de salud asociado) mas allá del malestar psicológico y social que esta circunstancia le provoca, debido a su escala de valores distorsionada. La persona que necesita compulsivamente poseer un coche de 200 caballos, no tiene la necesidad real de conducir un coche de esta potencia, pues un coche de 90 caballos le va a trasladar de un lugar a otro de la misma forma que uno de 200 caballos, pero esta carencia le provoca cierto sentimiento de inferioridad. Por lo tanto, la base de la insatisfacción crónica que el consumista compulsivo siente, está en la comparación sistemática de su realidad, de su vida, con el ideal inalcanzable que la cultura comercial le presenta constantemente en los medios de comunicación.




        Imagen de Angelina Jolie antes y después de ser manipulada para su uso en publicidad. La imagen manipulada ha sido perfeccionada de tal forma que ninguna mujer que lo vea podrá hacer un juicio correcto de su valor y por lo tanto, tampoco logrará hacer un juicio positivo y equilibrado de su propio rostro si lo compara con la imagen perfecta de la derecha. Una farsa destinada únicamente a convencer al consumidor que necesita determinado producto pero que genera incontables problemas psicológicos a aquellos que se dejan arrastrar y convencer por este tipo de imágenes que cada día bombardean nuestra mente. 

¿Por qué la economía de consumo necesita hacernos sentir imperfectos e inseguros con sus técnicas publicitarias?

Porque un hombre satisfecho de su vida,  con hombre contento consigo mismo y con lo que tiene (sea mucho o poco),  un hombre seguro  de sí  mismo, no  consume cosas que no necesita y por  supuesto, no gasta más  de lo  que su nivel económico le permite. Es decir, no  hace del hábito de conseguir cosas cada vez  mas caras el sentido principal de su vida. No  siente de  ninguna  forma la presión  social y psicológica que otros si  sienten ante el bombardeo  publicitario  de  la sociedad de consumo, de alcanzar  el canon de belleza y el nivel económico que la publicidad y las películas comerciales le proponen. Es, en sentido literal, dueño de su propia escala de valores, es decir, tiene autonomía moral.

¿Por qué si consumir compulsivamente es nocivo, algunas personas lo siguen haciendo toda su vida?

Porque consumir compulsivamente nos produce una intensa satisfacción rápida  pero pasajera, como toda conducta adictiva. Toda adicción te hace sentir vivo mientras te va matando. Al poseer el objeto comprado y “soñado”, el consumidor compulsivo siente que  “domina” y “apacigua” el impulso que le provocaba su insatisfacción. Aunque al poco tiempo, su sistema moral de “culto al lujo” le propone, ayudado por el entorno comercial que no deja nunca de ofrecerle nuevos y cada vez mas atractivos productos,  otra meta más alta, mas perfecta, mas ideal, que devuelve al sujeto de nuevo a un estado de insatisfacción crónica.

Consumir no aborda ni soluciona la verdadera causa de la insatisfacción , que es una escala de valores  totalmente distorsionada y manipulada por años y años de asimilación de un entorno social que mantiene el culto al lujo y el hábito de presumir de aquello que poseemos, como único objetivo posible de la existencia.

¿Por qué logran las empresas hacer que sus productos nos parezcan tan atractivos aunque no los necesitemos para tener una vida satisfactoria?

Primero, porque nos bombardean desde que nacemos y hasta que fallecemos con un nivel de publicidad difícil de contrarrestar a nivel individual y que en algunos estudios sociales y psicológicos de Universidad se llega a calificar de “tortura psicológica”.

Segundo, porque tienen a su servicio a los mejores expertos en psicología y sociología para hacer que sus campañas de publicidad y su mercadotécnica estén cuidadosamente planificadas, con el fin de convencerte de que sus productos pueden hacerte “feliz” como por arte de magia. Sus técnicas comerciales están creadas para activar en tu cerebro todos los mecanismos conscientes e inconscientes, que te impulsen a  hacerte desear su producto y pensar que serás admirado y valorado por poseerlo.

Tercero, porque les respalda una cultura lúdica comercial (películas, series, videojuegos) donde sus valores de culto al lujo y a la perfección material se ven recompensados casi siempre por la actuación de los protagonistas de las obras.

¿Por qué si hay tantos consumidores compulsivos las instituciones no hacen nada o casi nada para atajarlo?

Porque el sistema económico en el que vivimos, se alimenta en parte de este gran porcentaje de consumidores compulsivos. Aquellas personas que basan su estilo de vida y su filosofía  en consumir bienes materiales cada vez mas caros y lujosos, suponen de hecho un pilar básico de nuestro sistema socio económico.


¿Cuáles son algunas técnicas psicológicas y sociales concretas de como la publicidad manipula nuestra conducta y nuestra forma de pensar?

Estas son algunas técnicas.

Economía cognitiva:

La mente tiende a procesar la información de la forma mas sencilla y simple posible. De tal forma que si un mensaje se repite de forma continuada, como hace la publicidad, llega un momento el que el mensaje publicitario es percibido y asimilado por la mente de forma automática y sin análisis crítico, facilitando enormemente que el producto comercial y el modo de vida que este conlleva, puedan convencer al sujeto.

- Efecto Arrastre o Efecto Bandwagon: 

Es la tendencia de la mente a adoptar un forma de pensar y actuar según la mayoría social que nos rodea. La publicidad, al usar los medios de comunicación de masas para difundir sus productos y su filosofía de vida, adquiere un nivel de presión colectiva que al individuo le es imposible contrarrestar de forma equitativa. Es decir, la secuencia cognitiva patológica sería así: si algo aparece en televisión, si algo se anuncia, es porque mucha gente lo sigue, si mucha gente lo sigue es porque representa el éxito, si representa el éxito yo tambien quiero tenerlo o vivirlo.

Cito de la wikipedia:

El Efecto Bandwagon, también conocido como el efecto de arrastre, "efecto de la moda"y relacionado cercanamente aloportunismo, es la observación de que a menudo las personas hacen y creen ciertas cosas fundándose en el hecho de que muchas otras personas hacen y creen en esas mismas cosas. El efecto es peyorativamente llamado comportamiento gregario, particularmente cuando es aplicado a los adolescentes. Las personas tienden a seguir a la multitud sin examinar los méritos de una cosa en particular. El efecto Bandwagon es la razón del éxito del Argumentum ad populum.

El efecto Bandwagon está bien documentado en psicología conductual y tiene muchas aplicaciones. La regla general es que las conductas o creencias se propagan entre la gente, como claramente sucede con las modas, con "la probabilidad de que los individuos la adopten incremente con la proporción de quienes ya lo han hecho."1 Mientras más gente lleguen a creer en algo, otros también se subirán al carro sin importar la evidencia subyacente.

- Metáfora idealizada:

 Se trata de relacionar de forma directa o subliminal el producto comercial con ideas o imágenes idealizadas. Por imágenes idealizadas entiéndase cualquier imagen o secuencia intencionadamente "perfecta" y "fantástica" de tal forma que despierte en el espectador, el deseo compulsivo de convertirse en el poseedor de ese producto. Si alguien visualiza UNA Y OTRA VEZ la imagen de un casa grande, asociada a una persona increíblemente atractiva, con una pareja increíblemente amable, con una sonrisa increíblemente grande y que parece estar pasándoselo en grande  recorriendo los jardines y jugando al tenis en su pista privada, es normal que al final, su mente no pueda mas, y comience a preguntarse como podría poseer una casa grande y por lo tanto, ser así de feliz, en comparación con lo que ahora tiene. Es decir, la metáfora ha cumplido su función.


¿Por qué la infancia es tan importante para generar un sistema de valores sano y autónomo?

Porque la personalidad del ser humano se forma durante los primeros 7 años de vida. Es en esa época donde se asientan los pilares de lo que será nuestra respuesta general a la cultura y la sociedad que nos rodea. Durante esa época se forma en el niño su propia imagen, su seguridad, sus miedos, etc. Si durante este período crítico el niño sufre carencias afectivas, un entorno hostil continuado o la ausencia de un modelo moral sano y respetuoso con sus características personales, es mas habitual que en la adolescencia no desarrolle las estrategias que le ayudarán a defenderse del entorno social que pretende imponerle unas normas morales y al mismo tiempo, desarrollar su propio pensamiento filosófico, libre, autónomo y equilibrado. 


¿Por qué consumir cosas y presumir de ellas no puede hacernos felices a largo plazo?

Por que  esta actividad no forma parte de las necesidades naturales del ser humano. Comprar cosas, almacenarlas y presumir de ellas es una filosofía y un estilo de vida que apareció con el nacimiento de la publicidad a principios del siglo XX. Hasta entonces el hábito de consumir cosas e identificarte con ellas para sentirte feliz no era algo que formaba parte de la cultura social. La gente no dependía principalmente de las cosas materiales que poseía para ser feliz o sentirse realizados como personas.

Durante miles y miles de años el hombre ha basado su felicidad en actividades que respondían a necesidades naturales reales. Necesidades mentales, como el arte (pintar, escribir, esculpir, cantar, bailar,etc) o cuidar el entorno natural que nos da de comer, necesidades manuales (coser, fabricar utensilios, etc), necesidades corporales (cuidar nuestra salud, explorar el entorno, cazar, recolectar frutos, mantener el cuerpo ágil, descansar y relajarnos, dormir, etc) necesidades cognitivas (conocer y entender el universo, conocer y entendernos a nosotros mismos, viajar, etc)  y necesidades sociales (contar historias  junto al fuego, los juegos de mesa, aprender una profesión, cultivar la hospitalidad con quienes nos visitan, mantener a la familia unida, conocer y ser amable con nuestros vecinos, mantener relaciones amistosas con el resto de los miembros de la “tribu”, defendernos de quien pretende dañarnos,  venerar y escuchar a los ancianos, buscar una pareja adecuada, educar y dar cariño a los mas pequeños, etc). Estas son las necesidades esenciales que el ser humano tiene asociadas a su naturaleza. El desarrollo de estas necesidades son las que pueden hacerle feliz de forma duradera.

En el siglo XX, los comerciantes se dieron cuenta que comprar cosas caras e innecesarias no estaba ni está entre las necesidades básicas y esenciales del ser humano. Pero necesitaban el dinero de la gente para prosperar y hacer sus negocios mas competitivos. Por lo tanto, comenzaron a usar la publicidad para expandir e imponer un modelo moral y filosófico que relacionase directamente la posesión de productos caros y lujosos con el éxito social y personal.  Es decir, se trataba de que la gente relacionase de forma automática la felicidad con el estilo de vida que suelen llevar las personas con grandes cantidades de dinero. De esta forma, todos querrían comprar muchas cosas y muy caras. Sobra decir que lo lograron, y a día de hoy año 2014, el modelo moral que relaciona de forma patológica “dinero+lujo=felicidad” es ingenuamente el mas aceptado en los países occidentales.  La creencia de que mas cosas te harán mas feliz, está tan inmersa desde que somos niños, que cuando somos adultos ni nos molestamos en ponerla en duda, y este sistema moral heterónomo, es la causa del malestar vital que gran parte de la población occidental siente, al basar su vida en objetivos que otros les han impuesto culturalmente.

¿Por qué el sistema de valores heterónomo del consumista compulsivo es patológico?

Primero porque no lo ha desarrollado de forma libre y crítica sino que le viene dado e impuesto por el entorno desde la infancia, sin opción a elegir.

Segundo porque cada persona es un mundo y necesita una escala de valores propia, racional, equilibrada y adaptada a su situación social, económica, familiar y física que marque su estilo de vida y sus objetivos en la sociedad, independientemente de los ideales que los grupos sociales que le rodean pretenden imponerle.  Si nos damos a nosotros mismos una escala de valores y unos objetivos en nuestra vida, adaptados a nuestra situación y a nuestras circunstancias, nuestros objetivos en la vida serán realistas, alcanzables.

Tercero por que el sistema de valores consumista, basado en principios comerciales, es destructivo por naturaleza. Su objetivo principal es convencer al sujeto que su vida, su realidad, no estarán completas hasta que compres y poseas su producto. Su principio se basa en fomentar la comparación sistemática de nuestra propia percepción, con la del ideal que la publicidad nos presenta, haciéndonos sentir inferiores a ese ideal (sería imposible no sentirse inferior ante algo falsamente idealizado) y mediante ese sentimiento de insatisfacción, convencernos que necesitamos su producto de forma irremediable. De esta forma nos crean necesidades ficticias, donde nos las había de ninguna forma. Dependiendo de la capacidad de cada persona para darse así misma una moral autónoma, este sistema destructivo calará mas en unas personas que en otras.

¿Cómo se puede detectar y salir de un sistema de valores heterónomo y adoptar un sistema de valores propio o autónomo?

Primero, mediante un análisis crítico de nuestra forma de pensar y actuar, reconocer que nuestra escala de valores, nuestra idea de lo que es el éxito en la vida y la felicidad, no es nuestra, sino que nos viene mas bien impuesta por el entorno, que por una voluntad  propia y meditada de marcarnos una filosofía de vida. Es decir, reconocer,  que estamos persiguiendo objetivos en la vida que no están adaptados a nuestros deseos, necesidades y capacidades reales sino que responden a intereses de una parte de la sociedad que nos rodea.

Segundo. Una vez entendido que poseemos una sistema de valores heterónomo y que deseamos darnos uno autónomo debemos reflexionar y concretar, incluso escribir si se desea, unas directrices que marquen nuestra forma de entender la vida, nuestra filosofía, nuestros valores. Es decir, concretamos como deseamos vivir, independientemente lo que hagan, piensen o digan los demás. Nos respondemos a la pregunta ¿cómo queremos vivir?

Una vez hemos establecido nuestra filosofía de vida, nuestro estandarte ideológico, debemos marcarnos unos objetivos que sean igualmente expresados de forma libre, sin presiones exteriores de ningún tipo. Objetivos realistas, realizables y basados en nuestras propias necesidades como seres humanos y no como consumidores (monederos con patas que diría un amigo). Si te marcas objetivos equilibrados, basados en el sentido común y en tus propias necesidades y sueños como persona, entenderás que ya no dependes de nadie ni de nada para sentirte satisfecho o realizado. Serás de alguna forma independiente y  libre de todo aquel que quiera manipular tu visión de la vida o tus objetivos o usarte como instrumento de intereses ajenos.

Te invito, a que consultes y leas el Decálogo del librepensador que puedes encontrar en este blog:




Palabras clave

Mercadotecnia
Autonomía moral
Compulsión
Escala de valores
Insatisfacción crónica
Hedonismo
Sesgo cognitivo


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Ejemplo de alguien conocido, que pasó de una heteronomía moral consumista a una autonomía moral

Autor_Miguel Ángel Fresnedal